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¿Sabes estar solo? Aprende a disfrutar de tu propia compañía

Soledad. Esta palabra no nos deja indiferentes. Para unos, la soledad se asocia con sentimientos de aislamiento, aburrimiento, tristeza, desilusión, dolor… Para otros, en cambio, la soledad se relaciona con tranquilidad, conexión con el entorno o con uno mismo, reflexión… Del mismo modo que el mismo alimento entusiasma a unos y desagrada a otros, la soledad también puede generar emociones muy distintas, que dependerán de la historia de aprendizaje vital que tengamos cada uno de nosotros. Historia que vamos cambiando y ampliando con cada paso que damos.

El ser humano es un ser eminentemente social. Necesitamos la cooperación con otras personas para sobrevivir, desarrollarnos, aprender, entretenernos, etc. y esto es especialmente cierto en una sociedad tan interconectada como la nuestra. Por ello, aprender a desarrollar y mantener relaciones con otras personas y disfrutar de ellas resulta esencial.

Al mismo tiempo, debemos reconocer que nuestra sociedad actual se caracteriza por un estilo de vida más individualista que el que ha predominado en otras épocas o culturas. Cada vez más personas viven solas o, al menos, tienen una habitación individual. Existen muchos puestos laborales en los que la relación con otras personas es mínima (pensemos por ejemplo en los típicos cubículos de oficina) y los desplazamientos al trabajo son largos y solitarios. El ocio también ha adquirido un carácter más individual (p. ej., televisor u ordenador personal en el cuarto, juegos de ordenador para un solo jugador o para multijugadores que se conectan a distancia, navegación por Internet…).

Este hecho gustará más a unas personas que a otras, pero lo que resulta claro es que si la soledad forma parte de nuestras vidas es importante que aprendamos no solo a asumirla y a gestionarla sino también a disfrutarla. Sin embargo, para muchas personas estos momentos en soledad resultan angustiosos o les pesan como una losa.

¿Qué consecuencias tiene no saber estar solo?

  • Evitar la soledad a cualquier precio, a veces con un gran coste personal. Así, por ejemplo, muchas personas sobrecargan su agenda de planes de todo tipo (o se quedan hasta tarde en la oficina) con el fin de pasar el menor tiempo posible en su casa, ya sea al volver del trabajo o durante el fin de semana. Este tipo de comportamientos, pese a que suele recibir bastante aprobación social, a la larga pueden acabar pasándonos factura, ya que acabamos agotados o estresados, hacemos planes que no nos gustan, gastamos más dinero del que podemos permitirnos, no dedicamos tiempo a otras cosas que tenemos que hacer (p. ej., estudiar en casa), etc.

  • Angustiarnos cuando estamos solos: Habrá ocasiones en las que no nos quede más remedio que quedarnos en casa o en alguna situación solitaria (p. ej., cuando me cancelan los planes a última hora, si me pongo enfermo, si estoy esperando a alguien en la calle…). Si no tengo experiencia en este tipo de situaciones es probable que me sienta “raro” y que incluso me llegue a resultar muy incómodo y hasta angustioso, tal y como nos pasa en cualquier situación que extraña. Esto en algunos casos puede afectar al sueño y a la alimentación. Además, no tendré ideas sobre qué actividades puedo hacer para entretenerme o disfrutar (o si las tengo, no tendré los recursos disponibles). Esto me llevará a tener aún más “manía” a la soledad y a tender a evitarla cada vez más, con lo que ya hemos formado un círculo vicioso.

  • Depender de los demás: Si busco estar con otras personas a toda costa, es más probable que esté dispuesto a aceptar planes que no me gusten. Tendré menos control para decidir cuándo un plan no me interesa o incluso para negociar con los demás y proponer actividades que a mí me apetecen o me hacen ilusión, ya que los demás probablemente sí se sentirán cómodos diciendo que no a aquello que no les compensa. Por el contrario, si me siento cómodo haciendo cosas en solitario, podré hacer aquellos planes que me apetezcan incluso cuando otras personas decidan no compartirlos conmigo. Por tanto, podré tener experiencias más gratificantes, ya que estaré menos limitado por los gustos de los demás, e incluso podré conocer nuevas personas por el camino.

  • Implicarme en relaciones poco saludables: Si mi prioridad es evitar la soledad, lo más probable es que prefiera cualquier compañía a ninguna. Esto me hace vulnerable a iniciar relaciones de amistad o de pareja con personas que no me tratan bien o que me hacen sufrir, ya que pensaré que la alternativa (estar solo) es mucho peor. O simplemente mantendré relaciones con otras personas incluso una vez pasada su “fecha de caducidad”, es decir, pese a que ya no queramos lo mismo o nuestra relación se haya deteriorado. Mantener o alargar relaciones poco saludables puede perjudicar mi autoestima e incluso llevarme a tomar peores decisiones vitales.

¿Cómo puedo aprender a estar solo y disfrutarlo?

  1. Anticipa los beneficios: Antes de cambiar cualquier comportamiento, primero tengo que tener claro para qué quiero hacerlo y por qué esto va a ser una mejora. ¿Por qué quieres aprender a estar solo? ¿Para poder descansar en casa? ¿Para no sentir angustia cuando te quedas sin planes? ¿Porque el miedo a la soledad te está impidiendo cortar ciertas relaciones que te hacen daño? Cada persona tiene sus motivos y solo partiendo de ellos tendremos la motivación suficiente para hacer cambios.

  2. Busca actividades en solitario que te gusten: Haz un listado de todo aquello que se te ocurra que podrías disfrutar. Piensa en actividades que hayas disfrutado en el pasado, que te hayan llamado la atención en algún momento o pregunta a tus conocidos qué hacen ellos cuando están solos en casa. ¿Manualidades? ¿Juegos? ¿Lectura? ¿Ir al cine o a conciertos por tu cuenta? ¿Ejercicio físico? ¿Ver películas? ¿Escuchar música? ¿Cantar a voz en grito o bailar solo? ¿Cuidar de tu cuerpo? La lista puede ser larguísima. Es posible que inicialmente ninguna actividad te resulte atractiva porque… no te gusta estar solo. No importa: anota todo aquello que se te ocurra sin filtrar.

  3. Elige un par de actividades y ponlas en práctica: Escoge aquellas actividades que te den menos pereza, te resulten más atractivas, más sencillas, etc. Hazte con todo aquello que vas a necesitar para ponerlo en práctica (p. ej., materiales, programas…). Busca un momento en tu rutina cotidiana en que puedas dedicarles tiempo. Al principio es normal que no las disfrutes, porque no estás acostumbrado o tienes que familiarizarte con ello, pero sigue practicando. Si tras cierta práctica ves que no te funcionan, cambia y elige otras actividades que te apetezcan más o que encajen mejor en tu estilo de vida.

  4. Crea un clima agradable: Asegúrate de elegir un momento en el que vayas a poder estar tranquilo, sin prisas, sin tener muchas tareas pendientes que hacer a continuación… Si haces una actividad dentro de casa, busca un sitio en el que estés a gusto, ponte música de fondo, ropa cómoda, prepárate alguna bebida que te guste… Si haces una actividad fuera de casa, planifícala para que te resulte más agradable (p. ej., si vas al cine, elige una sala cómoda o que esté en un barrio o zona que te guste).

  5. El tiempo no es para aprovecharlo: Un pensamiento que a veces nos frena es la sensación de que “estamos perdiendo el tiempo”. Es posible que cuando estemos en casa generalmente dediquemos este tiempo a cumplir con nuestras obligaciones (p. ej., fregar, estudiar, cocinar…) y esto nos lleve a sentirnos culpables si dejamos estas tareas de lado y nos dedicamos al ocio. Sin embargo, los tiempos de descanso y disfrute son necesarios e incluso te ayudarán a ser más productivo durante tu tiempo de trabajo u otras obligaciones con las que tengas que cumplir. Si dedico todos mis tiempos libres a hacer obligaciones es más probable que me agote, me estrese o me deprima. Y que incluso el propio tiempo libre adquiera un matiz desagradable para mí. Recuerda que tienes derecho a disfrutar y a descansar y que tan legítimo es hacerlo dentro de casa como fuera, en compañía que en solitario.

  6. Hacer cosas solo no significa no tener amigos: Otro pensamiento que nos impide disfrutar de la soledad es la creencia de que tener que divertirme solo es señal de no tener amigos o pareja. Esto hará que cada vez que me encuentre en esa situación, en vez de centrarme en disfrutar me acuerde de aquello que creo que me falta y me sienta mal. Sin embargo, tener una vida social saludable y activa es perfectamente compatible con tener aficiones en solitario. De hecho, tener tiempos de descanso y desconexión nos prepara para disfrutar mejor de nuestras interacciones sociales. Asimismo, es saludable tener hobbies al margen de nuestra pareja, para poder aportar más a la relación y que esta no consuma todos nuestros espacios y tiempos.

  7. Si los demás me ven solo pensarán mal de mí: Muchas personas se frenan de hacer planes solitarios en público por miedo a qué pensarán los demás. Y esto es un problema, ya que no podemos controlar lo que piensen los demás, y estar a expensas de sus hipotéticas opiniones nos impedirá tener el control de nuestra vida. En cambio, debemos recordar que los demás no suelen estar analizando continuamente nuestro comportamiento y que hacer actividades en solitario es compatible con tener otros momentos más sociales. Es más, muchas personas eligen hacer ciertas actividades en solitario (p. ej., senderismo) porque así pueden disfrutarlo más, ir a su aire e incluso estar más abiertas a conocer nuevas personas.

  8. Hacer cosas solo es compatible con hacer planes sociales: Recuerda que el objetivo no es que te conviertas en un ser huraño e insociable. Relacionarnos con los demás y disfrutar de su compañía sigue siendo algo muy beneficioso que debemos cultivar. El objetivo no es reemplazar una cosa por la otra, sino ampliar nuestro repertorio y nuestras posibilidades: poder elegir cuándo me beneficia estar solo y cuándo acompañado, para evitar sufrir las consecuencias negativas que comentábamos anteriormente.

  9. Estar solo no es sentirse solo: Tendemos a asociar estos dos conceptos, que son muy lejanos en realidad. Una persona puede estar físicamente sola y experimentar emociones muy positivas (desde la tranquilidad hasta la risa). Sentirse solo tiene que ver con la sensación de no tener apoyos o personas que me cuidan, con las que puedo contar o en quienes puedo confiar. Sentirse solo estando rodeados de gente es tan posible (o incluso más) como estando físicamente solos. La forma de combatir esta emoción no es rodearnos de más personas, sino mejorar la calidad de estas relaciones (p. ej., ejerciendo nuestra asertividad) e incluso aprendiendo que podemos estar solos y en buena compañía (la nuestra propia). Por tanto, paradójicamente, aprender a estar solo y a disfrutarlo también te puede ayudar a sentirte menos solo (ya que no dependerás tanto de la compañía o de la disponibilidad de los demás para estar bien).

  10. Practica la meditación: En ocasiones, lo que más nos cuesta de estar solos es quedarnos a solas con nuestros pensamientos, que a veces nos bombardean con emociones negativas y nos impiden estar tranquilos. La meditación es una práctica que consiste en aprender a prestar atención al aquí y ahora, como contraposición a dejarla vagar indefinidamente por nuestras preocupaciones cotidianas. Realizar este ejercicio de manera diaria puede ayudarte a manejar mejor tu atención y tus pensamientos y a sentirte más cómodo en tu propia compañía, sin necesidad de recurrir a algo externo (personas u otras fuentes de entretenimiento). Esta habilidad requiere práctica y debe hacerse en las condiciones adecuadas. Contacta con un profesional si deseas que te ayude a entrenarla o te asesore, así como si compruebas que está teniendo algún efecto perjudicial o te está resultando muy difícil de aplicar.

Adaptar estas pautas a tus necesidades y estilo de vida particular te ayudará a ganar mayor libertad y a conquistar espacios y tiempos vitales. Te permitirá ser más independiente de los planes o decisiones de otras personas y a ganar autonomía. También es posible que te ayude a afrontar tus miedos y a ponerlos a prueba. No obstante, cambiar este patrón de funcionamiento a veces puede ser difícil, ya que nos obliga a enfrentarnos a emociones negativas o situaciones que nos resultan incómodas, así como a practicar nuevas habilidades y actividades. Por ello, si quieres que te ayudemos en este proceso contacta con nosotros y buscaremos un plan adaptado a tus necesidades y preferencias personales.


Irene Fernández Pinto

Psicóloga con autorización sanitaria colegiada con número M-22996. Licenciada por la Universidad Autónoma de Madrid (UAM), máster en Terapia de Conducta por el Instituto Terapéutico de Madrid (ITEMA) y máster en Metodología de las Ciencias del Comportamiento y de la Salud (UAM-UNED).


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