Una frase que te represente como terapeuta: “La desobediencia como acto de libertad es el comienzo de la razón”.

¿Cuál es tu formación y experiencia?

Soy psicóloga general sanitaria colegiada con número M-38560. Graduada por la Universidad Complutense de Madrid (UCM).

Mis inicios en el ámbito de la terapia están el máster de Psicología General Sanitaria (UCM) y en el máster en Psicología Clínica: Práctica Profesional (UCM), en el que empecé a acercarme al mundo de la práctica clínica.

Posteriormente, trabajé durante dos años en el servicio PsiCall, donde pude conocer de primera mano la psicología en emergencias y aprendí de primera mano la relevancia de la prevención para abordar los problemas psicológicos.

Además, actualmente me encuentro realizando una tesis doctoral sobre el trato del personal sanitario de urgencias a víctimas de agresión sexual. Esta combinación de experiencia clínica e investigación me permite integrar rigor científico y sensibilidad en cada intervención.

¿Cómo describirías tu forma de acompañar a una persona en terapia?

Para mí, lo esencial es crear un clima de confianza genuina. Me interesa mucho conocer no sólo el problema que le trae a consulta a la persona, sino lo que le mueve en la vida. Muchas de las personas que llegan a consulta lo hacen atravesadas por mandatos, normas o expectativas muy rígidas, y parte de mi trabajo consiste en acompañarlas a cuestionarlos, flexibilizarlos y reconectar con lo que realmente necesitan, quieren y valoran.

Trabajo teniendo en cuenta no solo lo individual, sino también los factores sociales y culturales que atraviesan a cada persona, como su historia, su entorno, el género o las condiciones materiales en las que vive.

Además, me gusta mostrarme con naturalidad. Soy una persona espontánea en mis gestos y expresiones porque creo que la terapia debe ser un espacio humano, no aséptico. Además, después de la sesión sigo reflexionando sobre el proceso, y con frecuencia me encuentro en mi día a día detalles que me conectan con las metas, intereses y preocupaciones de las personas con las que trabajo.

¿Qué te emociona de tu trabajo?

La oportunidad de conocer historias de vida tan diversas. A menudo siento que aprendo mucho de las personas con las que trabajo, y que ese intercambio me ayuda a mantener los pies en la tierra.

Me emociona ser testigo de sus logros y cambios. Me fascina la capacidad del ser humano para adaptarse, sostenerse y transformar su vida, incluso en contextos difíciles.

¿Qué te gustaría que una persona sepa antes de empezar terapia contigo?

Que voy a implicarme al máximo para acompañarla en su proceso y que trabajaremos en equipo para avanzar hacia sus objetivos. También que no busco imponer soluciones, sino ayudarle a entenderse mejor, cuestionar lo que le limita y encontrar formas de vivir más coherentes con lo que necesita y valora.

¿Qué te ha enseñado tu experiencia como terapeuta?

Que lo más sano es mantener la humildad y respetar los tiempos. Como terapeuta, he aprendido a no tener prisa. Cada persona tiene su propio ritmo y nadie sabe mejor lo que necesita para su vida que el propio consultante; yo solo soy una guía en ese proceso de descubrimiento.

¿Qué te ayuda a conectar con tus consultantes?

Entender cuáles son las cosas importantes y valiosas en la vida de la persona. Incluso cuando aparentemente no tenemos muchas cosas en común, saber qué les llena, y que le dediquemos espacio en nuestras conversaciones, siento que me une mucho a la persona con la que trabajo.

 

Si quieres empezar un proceso terapéutico o solicitar más información estaremos encantadas de ayudarte.