“Hiperproductividad” y otras formas de no quedarnos a solas con nuestros pensamientos
/En la sociedad actual, en la que nuestro bienestar parece depender en gran medida de lo que “logramos” en el trabajo o en los estudios, ser muy productivo suele verse como algo deseable, casi como una virtud. Rendimiento, disciplina y compromiso se convierten en sinónimos de valía personal, de manera que el “éxito” termina midiéndose en términos de notas, méritos profesionales o capacidad para hacer cada vez más cosas en menos tiempo. En este contexto, muchas personas tratan de optimizar cada minuto de su día para alcanzar lo que llamamos hiperproductividad: agendas repletas, listas de tareas interminables y una constante preocupación por los resultados y por “aprovechar el tiempo”. Esta dinámica no se limita al trabajo o los estudios; también puede verse en la forma de llenar el ocio con cursos, idiomas, deportes o hobbies encadenados, de manera que apenas quedan huecos de descanso real en el calendario. Y es que, si bien en la superficie esta tendencia parece relacionarse únicamente con aspectos de rendimiento, muchas veces lo que se esconde tras ella tiene mucho más que ver con un intento de sentir control sobre nuestra vida o evitar pensamientos o emociones desagradables. Pero, ¿de dónde sale esta conducta? ¿Qué la mantiene? Y, sobre todo, ¿cómo puede ayudarnos la terapia psicológica para salir de la rueda de la hiperproductividad?
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