Cuando hablamos de adicción nos referimos a algún hábito consistente en conductas peligrosas del que la persona no consigue prescindir por razones de dependencia psicológica o fisiológica.
Las formas más conocidas de adicción se refieren a ciertas sustancias como son el alcohol, el tabaco o las drogas, si bien también existen otros comportamientos que pueden generar adicción, como el juego o las relaciones sexuales cuando involucran algún patrón peligroso o inadecuado que no consigue minimizarse o controlarse.
Las personas que experimentan adicciones suelen tener dificultades para controlar su comportamiento de consumo inmediato con el fin de prevenir consecuencias (físicas, psicológicas, sociales, familiares…) que pueden ser desastrosas en el medio o largo plazo. Esto puede deberse a que el consumo se ha convertido en un hábito muy arraigado, a que resulta difícil renunciar a la gratificación o alivio momentáneo que supone o porque consumir ciertas sustancias o involucrarse en ciertas actividades permite escapar a una situación vital dolorosa o desagradable para la persona.
Sean cuales sean los motivos de la adicción, resulta muy difícil de controlar a la persona que experimenta y genera consecuencias muy indeseables en el medio o largo plazo que conviene evitar. Si te encuentras en esta situación es esencial que contactes con un profesional que te ayude a entender los mecanismos que rigen tu problema de adicción y te proporcione estrategias para modificarlo y poder reemplazarlo por otros hábitos o patrones de consumo más saludables.
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En la sociedad actual, en la que nuestro bienestar parece depender en gran medida de lo que “logramos” en el trabajo o en los estudios, ser muy productivo suele verse como algo deseable, casi como una virtud. Rendimiento, disciplina y compromiso se convierten en sinónimos de valía personal, de manera que el “éxito” termina midiéndose en términos de notas, méritos profesionales o capacidad para hacer cada vez más cosas en menos tiempo. En este contexto, muchas personas tratan de optimizar cada minuto de su día para alcanzar lo que llamamos hiperproductividad: agendas repletas, listas de tareas interminables y una constante preocupación por los resultados y por “aprovechar el tiempo”. Esta dinámica no se limita al trabajo o los estudios; también puede verse en la forma de llenar el ocio con cursos, idiomas, deportes o hobbies encadenados, de manera que apenas quedan huecos de descanso real en el calendario. Y es que, si bien en la superficie esta tendencia parece relacionarse únicamente con aspectos de rendimiento, muchas veces lo que se esconde tras ella tiene mucho más que ver con un intento de sentir control sobre nuestra vida o evitar pensamientos o emociones desagradables. Pero, ¿de dónde sale esta conducta? ¿Qué la mantiene? Y, sobre todo, ¿cómo puede ayudarnos la terapia psicológica para salir de la rueda de la hiperproductividad?
En nuestro día a día utilizamos muchos términos psicológicos pero muchas veces no sabemos exactamente a qué nos estamos refiriendo y mucho menos qué hacer con ellos. Este es el caso del término "estado de ánimo", que muchas veces lo utilizamos de manera intercambiable con emociones, estado emocional o sentimientos.
Los adolescentes de hoy en día no conocen un mundo sin pantallas. Su vida social, emocional y académica transcurre entre notificaciones, chats, publicaciones y ‘reels’. Las redes sociales no son un accesorio: son el escenario principal donde se experimenta la amistad, la pertenencia y la identidad. Sin embargo, esta conexión que inunda todos los aspectos de sus vidas trae consigo una paradoja: nunca habían estado tan comunicados, y, sin embargo, tantos jóvenes se sienten solos, ansiosos e inseguros. Esta contradicción ha llamado la atención de investigadores, quienes han ahondado en conocer cómo las redes moldean el desarrollo adolescente. Los resultados desvelan un impactante panorama que, cuanto menos, invita a reflexionar.
El autosabotaje no es un defecto personal, sino una conducta aprendida que ha sido reforzada a lo largo del tiempo. Muchas veces, evitamos ciertas acciones no porque no queramos cambiar, sino porque, en el pasado, evitarlas nos trajo un alivio inmediato o nos protegió de consecuencias aversivas como el juicio, el error o el fracaso. Sin embargo, lo que alguna vez funcionó como una forma de protección, hoy puede estar manteniéndonos lejos de nuestras metas y valores.
El modelo que concibe las adicciones como enfermedades crónicas puede ser útil en ciertos contextos, pero también puede ser limitante, estigmatizante y poco efectivo si se aplica de forma rígida y descontextualizada. Desde el Análisis de Conducta, proponemos una alternativa más ajustada a la realidad de las personas: entender la conducta en su contexto, identificar sus funciones, diseñar intervenciones personalizadas, sostenibles y éticamente cuidadas.
En el ajetreo de la vida moderna, es común experimentar pequeños olvidos. Seguro que todos hemos experimentado esos momentos de: ¿dónde dejé las llaves? ¿Qué era lo que iba a hacer? A veces, estas pequeñas pérdidas de memoria pueden pasar desapercibidas, pero ¿qué sucede cuando se vuelven más frecuentes y preocupantes? Las quejas subjetivas de memoria, donde percibimos que nuestra memoria no está funcionando como solía hacerlo, pueden tener un impacto significativo en nuestra calidad de vida. Pero, ¿qué papel juegan ciertos problemas psicológicos sobre la ansiedad y la depresión en este escenario?
Al abordar tanto los síntomas de la ansiedad y la depresión como las dificultades de memoria, puedes trabajar hacia una mejoría integral en tu bienestar mental y cognitivo. Recuerda que el proceso de tratamiento puede ser individualizado y puede requerir tiempo y paciencia, pero es importante mantener la esperanza y buscar apoyo cuando sea necesario.
Resulta bastante claro que la preservación de nuestra vida es una de nuestras principales prioridades, y mantener un buen estado de salud es esencial no solo para mantenernos vivos sino también para vivir de manera gratificante y funcional. El problema viene cuando este miedo es muy intenso, prolongado o duradero, cuando es desproporcionado de acuerdo con nuestro estado de salud y las evidencias que los médicos nos proporcionan y, sobre todo, cuando nos ocasiona consecuencias indeseables en nuestra vida.
En esta entrada se describen algunas de las claves del funcionamiento de los problemas hipocondríaco y se proponen algunas pautas para ayudar a las personas a manejar estas dificultades, si bien el psicólogo es el profesional más indicado para lograr una solución eficaz a este problema.
Los ataques terroristas sufridos en Europa en los últimos meses (Bruselas, París, Niza…) no solo han afectado a las víctimas directas o indirectas de los mismos, sino que también han conmocionado a gran parte de la población por tener lugar en nuestras generalmente seguras regiones y en zonas de gran afluencia turística.
Sin embargo, y aunque un cierto nivel de miedo o preocupación es difícilmente evitable, sí hay una serie de recomendaciones que podemos seguir para conseguir que estos hechos tengan el menor impacto posible en nuestro bienestar de modo que podamos continuar viviendo con normalidad. En este artículo te proponemos varias estrategias.
Morderse las uñas es un hábito que no hacemos porque queramos o porque no tengamos "fuerza de voluntad", sino porque está muy automatizado y tenemos que ir haciéndolo consciente para ponerlo bajo nuestro control. Este proceso requiere mucha sistematicidad. Te proponemos algunas pautas que te ayudarán a dejar de morderte las uñas.
