¿Por qué no soy feliz en Navidad?

Las últimas semanas del año acumulan una gran cantidad de eventos sociales, tanto los propiamente “navideños” (Nochebuena, Navidad, día de Reyes), como los relacionados con el cambio de año pasando por otros eventos sociales que terminan de cargarnos la agenda, como son reuniones con amigos o cenas de empresa.

La Navidad y el cambio de año se nos presentan socialmente como épocas llenas de felicidad, alegría, cariño… Se nos bombardea con imágenes de reencuentros familiares amorosos, ganadores de la Lotería, villancicos alegres, regalos emocionantes… Y sin embargo, la realidad es que muchas personas viven esta época con tristeza, angustia o irritabilidad y no la describirían, ni mucho menos, como una época agradable. ¿A qué se debe esto?

¿Por qué es tan difícil disfrutar de la Navidad?

Para cada persona, las fiestas navideñas tienen un significado diferente, según sus propias experiencias vitales. Aquí planteamos algunos de los motivos más comunes de insatisfacción con la Navidad:

  • Cansancio acumulado. Comprar regalos, ponerse de acuerdo con la familia, asistir a todos los compromisos sociales y familiares, preparar los festejos… La cantidad de tareas que se acumulan en tan pocos días a veces resulta abrumadora y nos deja poco espacio para el descanso y el disfrute personal.

Siempre que puedas, intenta hacer estas tareas con antelación, para poder dosificar mejor tu esfuerzo. Además, no te sobrecargues de trabajo y delega en otras personas: preparad la cena entre varios, repartid los regalos que debe comprar cada uno, etc.

  • Dificultades económicas. Entre los regalos, la comida, a veces los viajes para visitar a familia lejana… estas fechas suelen pasar una factura importante a nuestro bolsillo y hacer más complicado el inicio del año nuevo.

Recuerda que hay muchas formas de hacer las cosas y, con un poco de creatividad, estas fiestas pueden ser más asequibles. Fórmulas como ponerse de acuerdo con otros familiares para hacer regalos conjuntos o un “amigo invisible”, acordar comidas o cenas en los que cada uno lleve una cosa, etc. pueden hacer que estas fechas te salgan mucho más baratas. Más no tiene por qué ser mejor, ¡y nunca es tarde para inventar nuevas tradiciones!

  • Conflictos y roces con la familia. Juntarnos tantos miembros de la familia a la vez puede ser ocasión de alegría y diversión. Pero también es una ocasión perfecta para que nuestras personalidades e ideas choquen, reaparezcan viejas rencillas o nos veamos obligados a coincidir con personas que no nos gustan y a quienes solemos ver poco. Si a esto se suma todo el cansancio y la tensión de estas fechas, es normal que haya más momentos de tensión o discusiones.

Evita temas que sabes que pueden ocasionar un conflicto y no esperes resolver vuestras diferencias justo hoy, pues probablemente suceda todo lo contrario.

  • Problemas en la pareja. Muchas veces estamos deseando que lleguen los días festivos para poder descansar y disfrutar más con nuestra pareja. Sin embargo, cuando llegan las vacaciones y las fiestas las dificultades que podamos tener suelen acentuarse, ya que pasamos más tiempo juntos y nuestros problemas de comunicación se hacen más palpables. Además, la obligación de reunirnos con la familia de uno y otro puede agotarnos y generar algún conflicto.

Si tu relación de pareja empeora en estas fechas, recuerda que es normal e intentad buscar pequeños momentos a solas en los que hagáis cosas con las que ambos disfrutéis.

  • Presión por tener pareja o hijos. Cuando nos reunimos en familia, son frecuentes los comentarios acerca de nuestra soltería, el no tener hijos u otros muchos comentarios inoportunos. Además, ver a nuestro entorno emparejado o con niños puede acentuar nuestra sensación de “estar fuera de lugar”. En estos momentos, es necesario recordar que tener pareja, hijos o cualquier cuestión similar solo nos incumbe a nosotros y a nadie más. Ni nosotros ni nuestra vida tienen más valor por cumplir o no esos estándares sociales. Tener pareja o hijos es el resultado de una serie de decisiones y circunstancias vitales y tiene sus ventajas e inconvenientes. Podemos ser felices y llevar una vida plena en cualquiera de los casos.

Dedica la menor atención posible a estos comentarios y a las situaciones que te recuerden estos temas. Hay muchas otras cosas que están sucediendo a tu alrededor en ese momento, así que no entres en conflictos ni le des vueltas y centra tu atención en algo que te interese más.

  • El balance de fin de año. Conforme se acerca el fin de año, solemos hacer balance de nuestra vida. ¿Estamos avanzando hacia nuestros objetivos? ¿Somos felices? ¿Llevamos la vida que queríamos? La respuesta no siempre es satisfactoria y a veces comprobamos que no hemos cumplido los objetivos que nos habíamos propuesto o que nuestra vida cada vez está más lejos de nuestras expectativas.

Aquí tienes algunos consejos para que el nuevo año sea diferente, pero si quieres asegurarte de acercarte eficazmente a tus metas, no dudes en pedir ayuda profesional para conseguirlo.

  • Pérdida de seres queridos y cambios familiares. El momento de reunirse toda la familia también suele ser el momento en el que notamos los cambios que se han producido y echamos en falta a ciertas personas. Por eso, el fallecimiento de seres queridos puede hacerse más doloroso en estas fechas, así como otras situaciones como una separación o divorcio o simplemente un cambio en nuestra situación vital (p. ej., haber emigrado o vivir estas fiestas con la familia de nuestra pareja en lugar de la nuestra). Esto es algo natural.

Es importante que aprecies todo lo que sigues teniendo a tu alrededor y a las personas que sí te acompañan y que construyas nuevas memorias felices con ellas.

  • Expectativas irrealistas. Dado que nos “venden” la Navidad como una época llena de alegría y amor, cuando nos sentimos cansados, irritados, tristes, decepcionados… podemos llevarnos una gran desilusión, ya que no era lo que esperábamos.

Resulta mucho más saludable entender las Navidades como una época normal, con momentos mejores y peores. Así, cuando haya dificultades, no te pillarán por sorpresa, y si finalmente resultan ser unas navidades muy felices, ¡eso que ganas!

  • Disfrutar por obligación. Pese a todo lo anterior, en estas fechas a veces nos sentimos “obligados” a disfrutar, estar felices y desear la compañía de otros cuando, en realidad, no es así. Eso puede generarnos cierto agobio o sensación de “no encajar”. Muchas personas se sienten de esta manera y es algo normal.

Si este es tu caso, te recomendamos que intentes mantener una cierta normalidad en tu vida y respetar aquellas actividades cotidianas que disfrutas normalmente, para que esta época no sea una ruptura tan fuerte con tus rutinas normales.

¿Cómo puedo disfrutar más de las navidades?

  1. Ajusta tus expectativas. Piensa en la Navidad como una época normal como cualquier otra del año, con sus ventajas y sus inconvenientes.
  2. Planifica y delega. Anticípate a las tareas que vas a tener que realizar (comprar regalos, comprar comida y cocinar, hacer maletas y viajar…) e intenta prepararlo con cierta antelación para que no se acumule todo al mismo tiempo. Y siempre que puedas, delega y reparte la carga de trabajo con otras personas, no asumas tú todo el trabajo.
  3. Mantén tus rutinas agradables. ¿Qué actividades sueles disfrutar en tu día a día? En las vacaciones y las fiestas solemos cambiar nuestras rutinas y horarios, pero no hay motivo para abandonar aquellas cosas que más nos gustan en nuestro día a día. Incorpora pequeños momentos de disfrute en solitario o en pareja, que te harán sentir mejor y atravesar con más fuerza las fiestas.
  4. Centra tu atención en lo positivo. Es muy tentador quejarnos de todo lo que tenemos que hacer, de las presiones por hacer las cosas de una forma determinada, del comentario inoportuno de cierto familiar… Pero eso solo te va a llevar a amargarte. ¿Qué cosas te gustan más de las fiestas? ¿Jugar con los niños de la familia? ¿Charlar con un familiar que vive lejos? ¿Las comidas extraordinarias? ¿Decorar tu casa? ¿Los días de vacaciones? Centrar tu atención en las cosas que a ti te gusten te hará disfrutar mucho más de estas fiestas.
  5. Haz respetar tus límites y sé asertivo. La convivencia más estrecha durante estas fechas genera más tensiones y conflictos y a veces sentimos presionados a hacer las cosas de la forma que no queremos. Te recomendamos ser consciente de tus derechos asertivos y ejercerlos en estas situaciones.
  6. Resuelve los problemas durante el resto del año. Si tienes dificultades con tu pareja, tu familia o cualquier otro tema que te genere malestar en estas fechas, en vez de intentar resolverlo en estas condiciones, es mejor que hagas un esfuerzo sostenido a lo largo de todo el año para trabajarlo. Intentar resolver los conflictos durante las fiestas solo añade tensión a un momento ya de por sí complicado.
  7. Busca apoyo. Si pese a todo lo anterior te sientes desbordado, apóyate en personas de confianza para expresarles cómo te estás sintiendo. Si, pese a todo, consideras que hay temas que te cuesta manejar, pide ayuda profesional.

Y sobre todo recuerda que no hay una única forma de vivir las Navidades. Para cada persona significan una cosa distinta y las vive a su propia manera. Por ello, busca la forma que a ti te sirve, incluso aunque no siempre se adapte a los deseos o tradiciones de los demás, y centra tu atención en aquellas cosas que te gustan y te hacen feliz. De esta forma, las Navidades y el inicio de año podrán ser una época mucho más agradable para ti y, probablemente, para quienes te rodean.


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