¿Cómo podemos defendernos de las secuelas psicológicas del terrorismo?

Los ataques terroristas sufridos en Europa en los últimos meses (Bruselas, París, Niza...) no solo han afectado a las víctimas directas o indirectas de los mismos, sino que también han conmocionado a gran parte de la población por tener lugar en nuestras generalmente seguras regiones y en zonas de gran afluencia turística. Esto hace que nos sintamos identificados con las víctimas y que se quiebre nuestra falsa percepción de invulnerabilidad, lo cual nos lleva a pensar que nos podría haber pasado a nosotros o a nuestros familiares y amigos, con el dolor psicológico que esos pensamientos conllevan.

El terrorismo, como su propio nombre indica, utiliza el miedo o el terror como medio para alcanzar o acercarse a sus fines políticos. Como resultado de sus acciones pretende generar un clima de inseguridad o intimidación en la población y obtener la mayor repercusión mediática posible. Teniendo esto en cuenta, no debe extrañarnos el miedo tan intenso e insidioso que nos generan estos ataques y las secuelas psicológicas que provocan, puesto que esta y no otra es el arma que utilizan los terroristas.

Sin embargo, y aunque un cierto nivel de miedo o preocupación es difícilmente evitable, sí hay una serie de recomendaciones que podemos seguir para conseguir que estos hechos tengan el menor impacto posible en nuestro bienestar de modo que podamos continuar viviendo con normalidad. En este artículo te proponemos varias estrategias.

Algunos datos

Para poder afrontar esta cuestión de manera saludable, lo primero que debemos hacer es contar con información verídica que nos ayude a realizar una valoración ajustada de la situación. Por ejemplo:

  • De acuerdo con la Global Terrorism Database (GTD), y tal y como se ilustra gráficamente en este artículo, pese a que el terrorismo a nivel mundial ha aumentado en los últimos años, en Europa se ha reducido desde los años 90, aunque algunos años puntuales, como 2004 o 2015, hayan destacado negativamente y disparado nuestras alarmas.
  • España ha pasado de situarse en el número 16 en la clasificación del Índice Global de Terrorismo (ITG) en 2002 al número 65 en 2014, lo cual se debe en parte a una reducción de los ataques terroristas en nuestro país en los últimos tiempos así como al incremento del terrorismo en otros lugares del mundo.
  • Si cruzamos las cifras del Instituto Nacional de Estadística (INE) con los del Índice Global de Terrorismo, observamos que en España, entre 2002 y 2014, han fallecido 5 millones de españoles por todo tipo de causas (unas 385.000 personas al año). De estos fallecimientos, poco más de 200 se deben al terrorismo, lo cual supone un 0,004% de todas las muertes.
  • Tal y como se muestra en este informe del INE, otras causas de muerte (muchas de las cuales son prevenibles) son mucho más frecuentes. En 2014, las enfermedades del sistema circulatorio supusieron nada menos que un 29,7% de las defunciones, los tumores 27,9%, se atribuyen un 4,7% de fallecimientos a diversos problemas psicológicos y un 3,8% a lo que se ha denominado "causas externas" de mortalidad, y que engloban suicidios o accidentes entre otras.
  • Estos datos son extrapolables en gran medida a otros países occidentales.

Estas cifras nos muestran que Europa y España son lugares bastante seguros en términos de la amenaza terrorista y que incluso se están volviendo más seguros con el tiempo, mientras que tenemos muchos otros motivos de preocupación más acuciantes como, por ejemplo, el consumo de tabaco o el sedentarismo. Y sin embargo el terrorismo y sus consecuencias capturan nuestra atención y nos generan un pánico comparable a pocas cosas.

¿Por qué nos afecta tanto el terrorismo?

A los seres humanos nos gusta la certidumbre: poder controlar nuestro entorno y saber lo que esperar. En nuestro día a día vamos construyendo una percepción de que el mundo es un lugar seguro y que podemos controlar el rumbo de nuestra vida y de nuestras decisiones. Por ello, cuando suceden imprevistos que alteran la predictibilidad de nuestra vida, se nos “rompen los esquemas” y se quiebra nuestra percepción de seguridad.

Este hecho explica que no todas las muertes y desgracias que suceden nos afecten por igual, sino que aquellas que suceden de manera inesperada nos asusten más y tengan más impacto emocional. Esto no se aplica solo al terrorismo, sino también a los accidentes, los suicidios o los fallecimientos súbitos por problemas de salud, que son los que suelen dejar una huella psicológica más dolorosa.

A esto debemos sumar la forma en que se nos presenta el terrorismo en los medios de comunicación. Dado que los actos terroristas tienen con frecuencia alguna finalidad reivindicativa o pretenden generar algún tipo de impacto social o político, sus autores los suelen diseñar de manera que tengan el mayor impacto mediático posible, ya sea ejecutándolos en zonas emblemáticas o frecuentadas, aprovechando situaciones o fechas emotivas o sensibles para la población, etc. Esto aumenta el impacto emocional de estos atentados.

Además, las personas solemos atender selectivamente a aquella información más sobresaliente y también a los hechos negativos, dado que suelen ser más amenazantes y relevantes para nuestra supervivencia, aunque como estamos viendo esto no siempre es así. Como consecuencia de ello, tendemos a sobreestimar ciertos riesgos y a subestimar otros, por lo que nuestra percepción de la realidad no es tan exacta o precisa como nos gustaría creer. Precisamente por este motivo, los medios de comunicación suelen presentarnos selectivamente aquellas informaciones más chocantes o conmovedoras, que son las que más atención despiertan, contribuyendo de nuevo a sesgar nuestra percepción de la realidad que nos rodea. Por ejemplo, una búsqueda en Internet para documentar este artículo arrojaba todo tipo de titulares acerca de la gravedad de la amenaza terrorista y, en cambio, ha resultado más costoso obtener datos objetivos e información verídica que muestren el impacto real del terrorismo en nuestro entorno.

¿Qué podemos hacer para mantener a raya el impacto del terrorismo?

  1. Limita tu exposición a los medios de comunicación después de un atentado: Durante las horas y días siguientes a un atentado es frecuente que pasemos horas delante de la televisión o de Internet buscando más información, imágenes, detalles, testimonios… Esta reacción, natural cuando algo nos choca y nos asusta, aumenta el impacto psicológico de lo sucedido y puede dificultar nuestra capacidad de recuperación. Es normal querer saber qué ha pasado, pero limítate a obtener la información básica (qué, dónde y qué impacto aparente ha tenido) y si tienes allegados en la zona afectada comprueba que están bien. Después, aléjate de los medios y dedícate a hacer algo que te distraiga, preferiblemente algo que te apetezca: sal a pasear, haz deporte, pon alguna película de comedia o dedícate a tu afición favorita.
  2. Limita el tiempo que dedicas a hablar de los atentados: La misma máxima se aplica a nuestras conversaciones con otras personas. En los días y semanas siguientes al atentado es frecuente que las conversaciones giren en torno a este tema y se vean retroalimentadas por la continua exposición en los medios de comunicación. Procura desviar las conversaciones hacia otros temas más agradables o que os afecten directamente y evitad recrearos en detalles escabrosos o dolorosos de los hechos.
  3. No des credibilidad a tu miedo: La emoción de miedo tiene la función de ponernos en alerta ante situaciones o hechos que consideramos potencialmente amenazantes o dañinos para nuestra seguridad. Se trata de una emoción esencial para nuestra supervivencia que, por ejemplo, nos ayuda a reaccionar si un coche se abalanza hacia nosotros. Sin embargo, a veces la emoción que sentimos no se corresponde con la realidad. Esto sucede cuando nos sobresaltamos viendo una película de terror como si nos estuviera sucediendo a nosotros. Lo mismo sucede con temas como el terrorismo: debido a la forma en que se presenta, nuestro organismo reacciona como si se tratara de una amenaza personal e inminente. Y al tener miedo, asumimos que hay motivos reales para ese miedo, lo justificamos y le damos validez. No creas a tu miedo y recuerda: está devolviéndote una visión distorsionada de la realidad, haciéndote creer que la probabilidad de ser víctima de un atentado es mucho mayor de lo que es en realidad.
  4. Haz tu vida normal y no evites salir de casa o viajar: Una de las consecuencias del miedo es que nos lleva a evitar aquello que consideramos amenazante y a refugiarnos en lugares que consideramos seguros. Sin embargo, en una situación como esta quedarte sin salir de casa o sin viajar no va a aumentar tu seguridad y, en cambio, puede reducir tu calidad de vida e incluso llevarte a ser más sedentario, con los riesgos, estos sí elevados, que ello conlleva para tu salud. Además, evitar lo que tememos tiene la consecuencia a largo plazo de alimentar nuestros miedos, por lo que cada vez serán más las cosas que temas y tu sufrimiento aumentará. Enfrentarte a aquello que temes, cuando se trata de temores inútiles o desproporcionados, te llevará a sentirte más fuerte y a reducir tu miedo.
  5. Controla lo que sí puedes controlar: Precisamente por su infrecuencia y arbitrariedad, poco podemos hacer para evitar ser víctimas de un ataque terrorista. Pensar una y otra vez sobre el tema o ver muchas noticias no nos lleva a protegernos mejor sino todo lo contrario. Poco más puedes hacer aparte de evitar viajar a países conflictivos o mantenerte al tanto de las noticias del lugar en el que estás por si hubiera algún tipo de alerta (por terrorismo o por cualquier otra causa). Y eso es más que suficiente ya que, como hemos visto, tus probabilidades de morir por un ataque terrorista son muy pequeñas. Mejor dedica ese tiempo y energías a tomar decisiones sobre qué medidas puedes tomar para mejorar tu salud y la de tus seres queridos: ¿te planteas dejar de fumar?, ¿empezar a hacer deporte?, ¿acudir a tus revisiones médicas periódicas?, ¿acudir a un profesional para superar tus problemas psicológicos?, ¿llamar a tu ayuntamiento para que arregle ese bache con el que es tan fácil tropezar? Estas medidas sí te protegen de manera eficaz y contribuyen a mejorar tu esperanza y tu calidad de vida. Así que, la próxima vez que pienses en tus miedos ante un ataque terrorista, corta de raíz estos pensamientos y recuérdate que hay otras amenazas que sí están bajo tu control y de las que puedes protegerte eficazmente.
  6. Administra la información que reciben tus hijos: Los niños son particularmente vulnerables al tipo de informaciones que se dan en los medios de comunicación tras un atentado terrorista. Evita que se expongan a imágenes y detalles escabrosos que pueden ser difíciles de asimilar para ellos. Cuida la forma en que hablas de estos temas delante de ellos, transmitiendo siempre que se trata de amenazas muy puntuales pero que ellos están seguros. Dales la información adaptada a su edad y a su nivel de comprensión, sin excederte en detalles y al ritmo al que te la vayan pidiendo.

Esperamos que estas recomendaciones te ayuden a gestionar de forma más saludable las preocupaciones que puedas tener con este tema y a abordarlo de manera adecuada cuando te relaciones con personas que puedan ser más susceptibles o sensibles a él, especialmente si se trata de niños o de personas vulnerables. Ten en cuenta que estas estrategias solo funcionan si las aplicas de manera muy sistemática y sostenida en el tiempo. Si te cuesta aplicarlas y sientes que el miedo te genera mucho sufrimiento, te paraliza o te impide llevar una vida normal, contacta con un profesional que se adapte a tus preocupaciones concretas y te ayude a superarlas paso a paso.


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