¿Por qué "darte un tiempo" con tu pareja puede ser una mala idea?

Las relaciones de pareja son complicadas y hay momentos en los que estamos tan enfadados, agobiados, hartos de hablar en bucle sobre los mismos problemas sin terminar de resolverlos… que nos quedamos sin ideas, pero al mismo tiempo nos da miedo o pena romper la relación. En estos casos, es frecuente que uno de los dos o ambos propongan: “¿Y si nos damos un tiempo?”. Aunque a algunas parejas les haya podido funcionar, vamos a explicarte por qué esta no suele ser una buena idea, sobre todo cuando no se cumplen ciertas condiciones, y te propondremos algunas alternativas mejores si te encuentras en esta situación.

 

¿Qué significa tomarnos un descanso?

El primer problema de “tomarse un descanso” es que distintas personas entienden cosas diferentes. ¿Podemos estar con terceras personas? ¿Seguimos hablando? ¿Mantenemos los planes que teníamos comprometidos? ¿Durante cuánto tiempo y quién termina el descanso? Y esto es muy importante, porque si entendemos cosas distintas, estamos creando un caldo de cultivo para que cada uno lo interprete a su manera y actúe de forma distinta a como lo espera la otra persona.

¿Resultado? El tiempo que nos hemos dado, en vez de contribuir a la solución de los problemas, ha creado nuevos motivos de enfado y malos entendidos que empeorarán la situación. En algunos casos, además, cuando retomemos la relación y descubramos que nuestra pareja tenía expectativas distintas de las nuestras es posible que optemos por mentir u ocultar algunas de las cosas que han pasado durante el “descanso”, con lo que se deteriorará la confianza.

Todo esto lo reflejaron perfectamente los personajes Ross y Rachel en la serie Friends:

 

¿Para qué queremos tomarnos un descanso?

Esta es la primera pregunta que deberíamos plantearnos: ¿qué es lo que estamos buscando tomándonos un descanso? ¿Realmente un descanso va a ayudarnos a conseguirlo?

Si hay problemas en vuestra relación de pareja que no lográis superar y aún no estáis decididos a romper, lo mejor que podéis hacer es buscar soluciones activamente. El tiempo NO lo cura todo: lo que “cura” es lo que hacemos con ese tiempo. Esperar que nuestra relación se arregle sola o “con tiempo” probablemente no dará ningún resultado. Por el contrario, lo útil es buscar un momento en que estéis tranquilos y descansados y analizar las causas de vuestros problemas, con el fin de proponer alternativas de solución. Cuando estamos muy dolidos, enfadados o llevamos mucho tiempo dando vueltas a los mismos temas esta tarea se complica, y acudir a un profesional que os ayude a entender las razones objetivas de lo que os está pasando y a llegar a acuerdos y soluciones puede ser la mejor opción.

Es un mito pensar que, si soy compatible con mi pareja, la relación tiene que funcionar por sí sola. La realidad es que es necesario invertir esfuerzos diariamente para conseguir que nuestras relaciones se mantengan vivas y crezcan. De lo contrario, lo habitual es que con el tiempo la relación pierda fuerza y se deteriore.

 

Dentro o fuera… pero ambos por igual

Otro problema añadido es que, con bastante frecuencia, la “pausa” es propuesta por un miembro de la relación y el otro la acepta “a regañadientes”. Hay una persona que desea “espacio” y la otra se ve obligada a aceptarlo aunque en realidad no sea lo que le gustaría.

El peligro es que la “pausa” se convierta en la excusa perfecta para que uno de los dos pueda explorar (p. ej., probar sus opciones con terceras personas) o renunciar a sus “obligaciones” (p. ej., dejar de apoyar a su pareja, de cuidar de la relación, de acudir a eventos importantes…) sin que el otro pueda disfrutar de los mismos privilegios. Cuando esto es así, hay un problema. Para que una relación sea sana es muy importante que se exista una buena dosis de reciprocidad: que ambos tengáis los mismos derechos a disfrutar y obligaciones a respetar dentro de la relación (o de la “pausa”).

Por este motivo es fundamental que, te encuentres donde te encuentres en tu relación de pareja (o fuera de ella), te asegures de que las reglas del juego están claras y que ambos tenéis las mismas opciones y expectativas sobre el comportamiento del otro. Si aceptáis relaciones con terceras personas, ambos debéis tener ese derecho; si uno se va a replantear la relación, el otro también puede hacerlo; si espero el apoyo o la atención de la otra persona también debo estar dispuesto a darlos, etc.

De lo contrario, el descanso es la forma en que uno de los miembros de la pareja deja de invertir en la relación sin asumir ningún riesgo ni ningún compromiso, pues el otro se mantiene en actitud de espera y aceptación.

 

Un miedo a la ruptura que nos paraliza

Con mucha frecuencia, lo que hay detrás de “darnos un tiempo” es pánico a la ruptura. No nos atrevemos a pronunciar las palabras que nos llevarían a romper y nos conformamos con algo intermedio, esperando que quizás más adelante todo se arregle “por arte de magia” o simplemente nos dé menos miedo romper.

Esto tiene varios inconvenientes. Por una parte, estamos prolongando una situación de sufrimiento en la que no estamos bien (hay cosas que echamos en falta o no terminamos de estar felices). Además, como estamos “en tierra de nadie” ni apostamos firmemente por la relación ni nos atrevemos a dar los pasos que nos demostrarían que “hay vida más allá de nuestra pareja”. Por eso, lo más probable es que, como por inercia, acabemos volviendo y recibiendo más de lo mismo: no hemos hecho ningún cambio productivo, pero la ruptura cada vez da más miedo. Y estar en una relación simplemente por miedo a la ruptura no es buena señal, sino que nos lleva a sentirnos “en un callejón sin salida” y a retroalimentar nuestra relación cada vez con más reproches y angustia.

 

Y si los descansos en la relación no funcionan, ¿qué podemos hacer?

Por todo lo anterior, si tu pareja y tú os estáis dando un descanso o si te estás planteando invocar uno, te sugerimos que te lo pienses mejor y tengas en cuenta las siguientes sugerencias:

  1. No hace falta poner la relación en pausa para tomarme un respiro de la pareja: Algunas personas tienen la sensación de que tienen que hacerlo todo en pareja o que es imprescindible que veamos o hablemos con nuestra pareja con cierta frecuencia (p. ej., todos los días). Sin embargo, todos podemos pasar por momentos en que necesitamos desconectar, tener tiempo para pensar, para dedicarnos a otras cosas o simplemente para calmarnos después de una gran discusión. Además tenemos derecho a tener tiempo para nosotros mismos o a hacer planes por separado. Puedes pedir a tu pareja que habléis menos durante unos días con el fin de tomar distancia, aclarar tus ideas y volver con ánimo más constructivo, sin que ello signifique “hacer una pausa en la relación” ni romper. También podéis poner ciertos temas de conversación “en cuarentena” hasta que encontréis un buen momento y hayáis podido pensar por separado y con calma lo que queréis expresaros.
  2. Perded el miedo a la ruptura: Esto es más fácil de decir que de hacer, pero hay algunas claves que te pueden ayudar. Haz un esfuerzo importante por cultivar otras facetas ajenas a la relación (retomar amistades, recuperar la ilusión por el trabajo, cultivar nuevas aficiones…) y cultivar tu autosuficiencia, es decir, identificar aquellas áreas que se te queden más “cojas” si pierdes a tu pareja y trabajarlas (p. ej., mejorar tu independencia económica, hacerte cargo de tareas que sueles pedir a tu pareja, hacer nuevos amigos para no depender tanto de los suyos…). Esto tendrá dos consecuencias positivas: por una parte, la ruptura dejará de darte tanto pánico, lo que contribuirá a desbloquear la relación, y por otra parte tu estado de ánimo mejorará y tendrás novedades que contribuirán a nutrir y enriquecer la relación si decidís continuar.
  3. Aprended a comunicaros de manera eficaz: ¿Tienes la sensación de que no hacéis más que hablar (o discutir) en círculos? ¿Ya lo habéis dicho todo sin resultado? ¿No consigues que tu pareja te entienda o te haga caso? Es muy habitual que nos hayamos acostumbrado a hablar las cosas solo cuando ya ha estallado el conflicto: nos hablamos mal, nos ponemos a la defensiva y solo conseguimos hacernos daño. Esto es frustrante y sentimos que estamos “dándonos cabezazos contra un muro”. Sin embargo, muchas veces el problema es que no estamos hablando bien. Debemos aprender a hablar fuera del enfado, en un buen momento y situación, respetando unas normas básicas de comunicación y negociando acuerdos. Sí, da miedo y pereza retomar el tema cuando por fin volvemos a estar tranquilos, pero solo de esta manera tenemos una verdadera oportunidad de conseguir cambios eficaces en lugar de desgastarnos.
  4. Y si optáis por “daros un tiempo”, sed muy concretos: Vuestro enemigo es la ambigüedad, así que dejad claras las reglas del juego. ¿Qué queréis cada uno de ese “tiempo”? ¿En qué vais a invertirlo? ¿Qué comportamientos esperáis de vuestra pareja durante este tiempo y cuáles no? Y algo importante, ¿hasta cuánto durará este tiempo? Es importante que pongamos un límite concreto a esta situación transitoria y después de ello volváis a hablar y a tomar decisiones sobre vuestra relación, ya que de lo contrario os podéis quedar en una especie de “limbo” en el que no se sabe muy bien a qué estamos esperando. Y si descubres que no estás conforme con estas reglas del juego, háblalas, clarifícalas o negócialas de nuevo, pero no te las saltes unilateralmente y sin previo aviso, porque eso solo empeorará las cosas y generará resentimiento.

 

Algunas veces llegamos a esta situación porque nuestra relación va cambiando a lo largo del tiempo y las expectativas que teníamos entran en conflicto con la realidad. Y es que hay muchos mitos acerca de cómo deben ser las relaciones de pareja que contribuyen a deteriorarlas y dificultan que resistan el paso del tiempo. Por ello, te animamos a ver nuestro webinario sobre este tema solo o en pareja, por si te da algunas ideas que te ayuden a gestionar mejor las dificultades que estéis teniendo.


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